Cuando el silencio decide: Valparaíso y la política de no contar
Hay conflictos que no necesitan censura para avanzar; les basta con el silencio.
Hay conflictos que no necesitan censura para avanzar; les basta con el silencio.
Hay algo profundamente indigno y peligrosamente revelador en la forma en que un gobierno que prometió “cambiarlo todo” decide irse: dejándole la mesa servida al mismo empresariado que por décadas ha gozado de un mo
Lo que ocurrió el 6 de febrero de 2026 no fue un simple protocolo de acuerdo: fue la firma de una sentencia de muerte para la Playa San Mateo, un balneario histórico que desde 1904 forma parte de la memoria colectiva de Valparaíso.
El amor suele escribirse en voz baja. Se le atribuye el tamaño de una habitación cerrada, el murmullo de dos cuerpos que se prometen el mundo sin saber muy bien qué mundo. Así nos lo enseñaron: como una pertenencia privada, como un fuego pequeño que solo alumbra a quien se acerca demasiado.
El debate portuario vuelve a instalarse en la agenda pública justo cuando un nuevo gobierno de derecha se instala en el poder ejecutivo. No es casual.
La llamada “Adenda Excepcional” presentada por la Empresa Portuaria Valparaíso (EPV) en enero de 2026 no es un documento técnico de buena fe, sino un acto desesperado de supervivencia jurídica.
Desde los tiempos del nefasto proyecto Mall Barón, los porteños sabemos que la Empresa Portuaria Valparaíso (EPV) no juega limpio.
En Valparaíso no estamos discutiendo un proyecto portuario. Estamos presenciando un despojo.
Ante la insistencia de la prensa concubina del poder de imponer una narrativa única sobre el fracaso del último gobierno, es necesario decir con claridad: que uno no viene a repetir consignas ni a ajustar cuentas pequeñas.
En Chile nos hicieron mirar para el lado correcto… pero no para el fondo del problema.