La Cámara no aprobó que las AFP devuelvan lo perdido: aprobó que el proyecto pueda seguir discutiéndose. El diputado Cuello y el senador Núñez lo celebraron como un triunfo, y los jubilados que están a meses de pensionarse son los que pagan el precio de confundir un trámite con una devolución.
El lunes, más de setenta diputados votaron a favor de la admisibilidad del proyecto Devuelvan la Plata, y los autores salieron a celebrar. El diputado Luis Cuello dijo que se había hecho un acto de justicia. El senador Daniel Núñez fue más lejos y felicitó a quienes se atrevieron a darle una bofetada a las AFPs. Conviene pesar las palabras, porque una votación de admisibilidad solo decide si el papel puede entrar a la sala de espera. Nadie ha cobrado nada, ninguna administradora ha restituido un peso y todavía no existe una ley que las obligue a hacerlo. Hacer sonar las bocinas por eso es como festejar que a uno lo dejaron entrar a la fila, claro que debemos felicitarlos porque fueron ellos los que presentaron el proyecto y sacaran al gobierno y a la derecha a la pizarra.
Lo notable es que la propia votación desmiente el tono. La presidencia de la Cámara había declarado inadmisible la iniciativa, y fue la Sala la que anuló esa decisión, con un diputado como Kast Adriasola insistiendo en que el proyecto no es admisible. Es decir, hay un debate constitucional serio sobre si un parlamentario puede, por moción, ordenar a privados pagar con su patrimonio una pérdida ya ocurrida en materia de seguridad social, que en Chile es de iniciativa exclusiva del presidente. Los autores lo saben, y por eso pidieron que el Gobierno patrocine el proyecto y le ponga urgencia. Pedir la firma de La Moneda es, de paso, reconocer que sin esa firma la iniciativa camina cojeando, es lo mismo que pasa con el Royalty Portuario.
Después viene el tiempo, que es lo que más importa al que se jubila. El 21 de octubre el propio Cuello advirtió que podrían pasar dos o tres años antes de que se devuelvan los fondos, y que eso era inconcebible. Lo inconcebible es la meta, pero el calendario honesto es el que él mismo describió: un proyecto sin patrocinio ni urgencia, con un plazo de un año para pagar que corre recién después de promulgada la ley, y con un Tribunal Constitucional que mirará con lupa cada línea. Esa es la fecha real, y conviene decirla antes del próximo comunicado de prensa.
Tampoco es la primera vez. El 27 de octubre la Cámara aprobó una resolución que insta a las AFP a restituir las pérdidas en un año. Una resolución es una petición cortés y sin fuerza legal: pide, no ordena. Entre resoluciones, admisibilidades y firmas ciudadanas, el votante ya acumuló tres aplausos y cero devoluciones. Cuando la política entrega el eco del resultado en lugar del resultado, se parece mucho a un truco de salón.
Para saber si alguien quiere resolver o solo aparecer, hay que mirar tres cosas: si pide urgencia en lugar de aplauso, si corteja al Gobierno para que patrocine en lugar de solo acusarlo, y si dice la fecha en que un trabajador podría ver el dinero en su cuenta. Los trabajadores y jubilados de Chile, cuarenta años de cotizaciones después, tienen derecho a que los traten como adultos. Una votación de admisibilidad es un paso, y hay que contárselo como lo que es.
Jorge Bustos
La imagen corresponde a una…
La imagen corresponde a una votación de algún año anterior.
Añadir nuevo comentario