En una entrevista con Portal Portuario, el presidente de Ultramar reconoce que cae la carga en el Terminal 1, defiende la competencia y pide diálogo social. Son palabras razonables, pero un puerto no se entiende por lo que se declara, sino por quién controla la carga, quién define las reglas y quién se queda con la riqueza.
Leí con atención la entrevista a Richard Von Appen, y creo que vale la pena tomarla en serio, porque dice más de lo que parece. Lo primero es que admite una baja de carga en el Terminal 1, operado por TPS, especialmente desde Europa, y que no se la esperaban. La explica por una economía "relativamente plana" y espera que se revierta este año o en 2027. Para quien mira los puertos desde una oficina, es un ajuste del ciclo. Para quien vive del puerto, es menos carga, menos faenas y menos ingresos. Y hay una asimetría que casi nunca se explica: el trabajo portuario se ajusta cada semana a los buques que llegan, mientras que una concesión es un contrato de largo plazo. Cuando la carga cae, no todos absorben el golpe de la misma manera.
Lo segundo es una frase que pasó casi inadvertida. Al hablar de la competencia con San Antonio, dice que algunas líneas están "más condicionadas, porque están participando también de la propiedad". Vale la pena detenerse, porque ahí está la clave de cómo compiten hoy los puertos. Cuando una naviera es dueña o socia de un terminal, tiene incentivos para llevar sus naves y su carga a ese terminal, sea o no el más conveniente para el comercio o para la ciudad donde está. Es lo que se llama integración vertical. La competencia entre puertos no es solo una cuestión de tarifas y eficiencia, también es una cuestión de propiedad. Y esa realidad debería estar en el centro de cualquier discusión sobre las próximas concesiones, no en una frase al pasar.
Von Appen dice que no le complica la competencia, que lo importante es que "crezca toda la torta". Es una buena imagen, pero hay que completarla. Una torta que crece puede repartirse de muchas maneras, y la pregunta de una ciudad puerto no es solo cuánto crece, sino cuánto de esa torta queda en el territorio que pone el suelo, el paisaje, el tránsito y los años de convivencia con la actividad.
Otro dato de la entrevista: Ultramar compra el 50% de Puerto Coronel y presenta al gobierno de Uruguay una iniciativa privada para construir una segunda terminal de contenedores en Montevideo. Sobre esta última dice algo que comparto: "es importante que haya competencia, que haya alternativa". Una iniciativa privada es cuando una empresa propone al Estado una obra que el propio Estado no había planteado, y es legítima. Pero muestra algo que conviene tener presente: el capital se mueve, y lo hace donde ve retorno y horizonte. Valparaíso no puede mudarse. Por eso la pregunta que corresponde es qué alternativas reales tendrá esta ciudad cuando llegue el momento de decidir el futuro del Terminal 1, cuyo contrato con TPS termina en 2029.
Sobre el desempleo, la respuesta fue que el sector portuario depende de la economía, que el gobierno va por el camino correcto y que las medidas tienen rezago. Es una respuesta honesta, pero general. Nadie le preguntó, y él no ofreció, qué puede hacer el puerto por el empleo local: capacitación, incorporación de trabajadores de la zona, condiciones laborales. Es curioso, porque la entrevista se dio tras un seminario organizado junto a Cotraporchi, la confederación de trabajadores portuarios. El diálogo con los trabajadores existe. La pregunta es si llega a las decisiones que importan.
Y aquí toco lo que más me interesa. Von Appen habla de diálogo social amplio, de políticas de Estado que trasciendan los gobiernos y de que, tras dar su opinión, "va a mandar la mayoría". Estoy de acuerdo con el principio, pero hay un detalle práctico. Las decisiones sobre una concesión no se toman por mayoría en una asamblea. Se toman antes, cuando se definen las bases, los plazos, los criterios y las condiciones de una licitación. Si el diálogo llega después de esas definiciones, no es diálogo, es información. Una política de Estado que va a durar más que varios gobiernos necesita algo más que buena voluntad: necesita que la ciudad y los trabajadores estén presentes cuando se escriben las reglas, no cuando ya están escritas.
También me gustó su llamado a ampliar la mirada hacia los cruceros, las oportunidades vinculadas a la Antártica y los buques científicos. Valparaíso tiene mucho que decir ahí, porque son actividades que pueden integrar puerto y ciudad y no solo movilizar contenedores. Pero de nuevo importan las preguntas de fondo: quién invierte, quién opera, cuánto paga, cuánto recibe la ciudad y quién decide.
No dudo del compromiso de Von Appen con el país, ni de su experiencia, ni de su derecho a defender las posiciones de su empresa y a aspirar a presidir la CPC. Lo que digo es que el diálogo social que propone tiene una prueba sencilla: que los trabajadores y la ciudad estén sentados cuando se decida cuánto tiempo, bajo qué condiciones y con qué retorno se entrega el puerto durante las próximas décadas.
Que crezca toda la torta, sí. Pero conversemos, con todas las cartas sobre la mesa, de quién la reparte.
Jorge Bustos
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