CAMPORT quiere que el país vuelva a discutir puertos como si el único objetivo fuera mover más contenedores. Pero después de casi tres décadas de concesiones privadas, la pregunta ya no es cuántos TEU moviliza un puerto. La verdadera pregunta es otra: ¿por qué las ciudades que sostienen el comercio exterior de Chile siguen empobreciéndose mientras otros capturan los beneficios?
Leí con atención la entrevista de Daniel Fernández, presidente de CAMPORT. No me sorprendió. Hace casi treinta años escuchamos el mismo discurso. Cambian las cifras, cambian los proyectos, cambian los gobiernos, pero el argumento siempre es el mismo: productividad, eficiencia, competitividad, economías de escala, crecimiento del comercio y nuevas inversiones. Lo que nunca aparece en esa conversación es la ciudad. Mucho menos las personas que viven en ella.
Durante casi tres décadas se nos dijo que la Ley de Modernización Portuaria abriría una nueva etapa de desarrollo. Que las concesiones atraerían inversiones, empleo de calidad y prosperidad para Valparaíso. Hoy ya no estamos frente a una promesa. Tenemos treinta años de resultados para evaluar.
¿Y cuáles son esos resultados? Una región con una de las tasas de desempleo más altas de Chile. El último informe del INE muestra que la Región de Valparaíso alcanzó un 10,4% de desocupación, superando el promedio nacional. Es decir, la región donde se concentra una parte fundamental del comercio exterior del país continúa liderando las cifras de cesantía.
Entonces vale la pena hacer una pregunta incómoda. Si el modelo ha sido tan exitoso como afirma CAMPORT, ¿por qué las ciudades puerto no son también las ciudades con mayor desarrollo? ¿Dónde quedó la riqueza que generó el crecimiento del comercio exterior? ¿Quiénes capturaron realmente ese valor?
La respuesta parece evidente. El sistema fue diseñado para medir la eficiencia de los terminales, no el bienestar de las ciudades que los albergan. Se celebran récords de transferencia de carga, aumentos de productividad y rentabilidad de los operadores, mientras Valparaíso pierde población, actividad económica, inversión privada y oportunidades laborales.
Por eso me llama la atención que hoy CAMPORT quiera instalar una nueva discusión entre San Antonio y Valparaíso. El verdadero debate no es cuál puerto mueve más contenedores. El verdadero debate es si el modelo portuario chileno ha cumplido con las ciudades que durante décadas soportaron sus externalidades ambientales, urbanas y sociales.
Cuando Daniel Fernández afirma que "Valparaíso se la jugó y lo hizo bien", reduce un problema histórico a una simple aprobación administrativa. Pero la ciudad no está discutiendo únicamente una Resolución de Calificación Ambiental. Está discutiendo treinta años de un modelo que prometió desarrollo compartido y terminó concentrando los beneficios lejos del territorio que hace posible ese negocio.
Por supuesto que la legalidad importa. Nadie puede aceptar que proyectos de esta magnitud se aprueben con eventuales omisiones o sin el debido respeto a la institucionalidad ambiental. Pero incluso si mañana todas las autorizaciones quedaran firmes, seguiría existiendo la pregunta de fondo: ¿qué ha recibido Valparaíso a cambio de sostener uno de los sistemas portuarios más importantes de Chile?
Porque un puerto no puede medirse sólo por la cantidad de contenedores que mueve. También debe medirse por la calidad de vida que genera en su ciudad, por los empleos que crea, por las oportunidades que distribuye y por el desarrollo que deja en el territorio.
Después de casi treinta años, CAMPORT sigue hablando de eficiencia. Nosotros seguimos hablando de personas. Y esa es, precisamente, la diferencia entre mirar un puerto como un negocio o entenderlo como parte de una ciudad que merece progresar junto con él.
Jorge Bustos
Defendamos la Ciudad / Región Valparaíso
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