Mientras la economía registra un Imacec de -0,9%, el gobierno apuesta por megaproyectos portuarios como respuesta a la crisis. La inversión es necesaria. Lo que resulta inaceptable es repetir el modelo que durante décadas ha permitido que la riqueza producida por nuestras ciudades puerto termine en otra parte, mientras la región de Valparaíso continúa encabezando el desempleo y soportando los costos del comercio exterior chileno.
La caída del Imacec de -0,9%, el deterioro de la actividad económica durante los primeros meses del gobierno y una Región de Valparaíso con 10,2% de desempleo configuran un escenario que exige decisiones responsables. En ese contexto, impulsar inversión pública en infraestructura puede ser una medida correcta. Ningún país supera una desaceleración dejando de construir. Chile necesita puertos modernos, carreteras, ferrocarriles y plataformas logísticas capaces de aumentar la productividad nacional. El problema no es invertir. El problema es volver a utilizar la crisis para consolidar un modelo donde el Estado financia la infraestructura, las regiones asumen los impactos y la renta termina concentrándose fuera del territorio que la produce.
La paradoja comienza incluso antes de colocar la primera piedra. La planificación parece seguir una lógica curiosa: primero ampliemos los puertos; después veremos cómo moveremos la carga. En buen chileno, se está poniendo la carreta delante de los bueyes. No lo dicen únicamente organizaciones ciudadanas. Lo advierten también estudios técnicos y la propia Cámara Chilena de la Construcción, un gremio que difícilmente podría ser acusado de sostener posiciones socialistas. Si incluso el mundo empresarial advierte que la Región de Valparaíso mantiene graves brechas en conectividad vial y ferroviaria, resulta evidente que primero deberían construirse las redes logísticas y luego aumentar la capacidad portuaria. De lo contrario, el costo volverá a recaer sobre las ciudades y sus habitantes. Algunos dirán que se puede caminar y mascar chicles, claro es que para comprar chicles se necesitan recursos, que hoy escasean. ¿Por qué escasean? Lo explican las políticas economicas de este gobierno.
Pero la verdadera discusión no es el orden de las obras. Es el destino de la riqueza. La Región de Valparaíso concentra de los puertos más importantes de Chile, mueve una parte fundamental del comercio exterior y genera miles de millones de dólares cada año. Sin embargo, continúa encabezando las cifras de desempleo. Eso demuestra que nuestras ciudades no son pobres; las han empobrecido. El modelo económico de exportación de las concesiones portuarias permite que la riqueza abandone el territorio mientras aquí permanecen la congestión, la contaminación, el deterioro urbano y la precariedad laboral. Por eso el debate no consiste en construir o no construir un megapuerto. El debate consiste en decidir si la renta que esa infraestructura generará durante los próximos cincuenta años seguirá alimentando la concentración económica o comenzará, por fin, a financiar el desarrollo de las ciudades que hacen posible el comercio exterior de Chile. Si el gobierno insiste en repetir el mismo esquema de concesiones sin corregir esa injusticia territorial, no estará resolviendo la crisis: estará hipotecando, una vez más, el futuro de nuestras regiones.
Jorge Bustos
Defendamos la Ciudad
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