Un reciente y demoledor estudio de Unholster y DefensaDeudores.cl, publicado por el diario El Mercurio de Valparaíso, ha puesto sobre la mesa una realidad incontestable: nuestra región concentra el 10,6% de los deudores judicializados de Chile. Somos, con más de 7.500 personas atrapadas en los tribunales en la última década (2015-2025), la segunda región con más demandas por no pago en todo el país.
Eso es lo que El Mercurio dice. Nos entrega el dato duro, la alarma estadística y el perfil de los afectados. Sin embargo, fiel a su línea histórica, el diario se queda en la superficie del problema. Nos muestra el síntoma, pero esconde deliberadamente la enfermedad de fondo.
Lo que El Mercurio calla es que esta crisis no se debe a un repentino brote de "irresponsabilidad" o a "malas decisiones" de los habitantes de la región. Lo que el diario esconde es que el sobreendeudamiento es el resultado directo de un modelo económico que desmanteló nuestras ciudades puerto, precarizó el trabajo marítimo y destruyó el tejido industrial, dejando a las familias sin sustento estable y empujándolas a la informalidad.
Pero el engaño principal del relato oficial radica en las palabras que utiliza. La sociología liberal y los medios tradicionales insisten en hablar de la "clase media" como si fuera un grupo flotante y privilegiado. La realidad, analizada científicamente desde Carlos Marx, es mucho más clara: la clase media no existe. Lo que existen son distintas capas sociales dentro de una sola gran categoría: la clase trabajadora. Están quienes no tienen otra opción que vender su fuerza de trabajo ya sea física en el muelle, o intelectual en una oficina administrativa para poder subsistir, y en la otra vereda, la burguesía, los dueños de los medios de producción y de la gran banca corporativa.
Al clasificar a los profesionales y empleados asalariados como "clase media", el sistema logra un triunfo ideológico: les hace creer que están más cerca de los dueños del capital que de los obreros del puerto. El informe de El Mercurio desmiente esa ilusión por la vía de los hechos. Al revelar que comunas de altos ingresos como Las Condes también lideran los ránking de morosidad judicial, lo que estamos viendo no es la caída de una supuesta "clase media", sino la vulnerabilidad total de la clase trabajadora en todas sus capas sociales. El médico que financia su auto a 36 cuotas y el trabajador informal que compra la mercadería en el supermercado con interés, comparten el mismo rol en la cadena: ambos son despojados por los dueños de la banca (que concentran el 56,49% de las demandas judiciales).
Antonio Gramsci complementa esta mirada al explicar cómo funciona la hegemonía: el capitalismo logra que las reglas del opresor se acepten como el único "sentido común" posible. Ante el estancamiento de los salarios reales, los dueños de la banca convirtieron el crédito en un derecho de ciudadanía simulado. El endeudamiento es el mecanismo invisible para amortiguar la caída de los ingresos de la clase trabajadora. No hay deudas por lujo; se concurre al banco para pedalear el mes, la salud, la educación o la vivienda.
Finalmente, hay un silencio político ensordecedor sobre la temporalidad del estudio. Estos diez años de acumulación de demandas abarcan, de manera continua, los gobiernos de Michelle Bachelet, Sebastián Piñera y Gabriel Boric. Tres administraciones de distintas coaliciones y discursos, pero bajo las cuales la tendencia al empobrecimiento y al negocio financiero sobre el bolsillo de los trabajadores se mantuvo intacta. Cambió la superestructura política en La Moneda, pero la estructura económica el diseño fáctico de despojo de la burguesía bancaria permaneció inmune.
Por eso, desmantelar lo que ellos callan no es solo un ejercicio de denuncia, es una necesidad urgente para recuperar el control de nuestras vidas. El sobreendeudamiento que hoy asfixia a los cerros y el plan de nuestras ciudades no es un fracaso personal ni el resultado de una mala racha; es la herramienta más eficaz de dominación y control de nuestro tiempo. La verdadera soberanía y la reconstrucción del destino de nuestras ciudades puerto no vendrán de las mismas promesas de siempre, sino del día en que la clase trabajadora, en todas sus capas, identifique con claridad el origen de este despojo, deje de financiar la existencia a tasas de interés y decida, colectivamente, romper las cadenas que hoy la amarran a los tribunales de la banca.
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