Las imágenes de los medios de la derecha, son una lección de educación cívica y de alfabetización mediática que Chile necesita recuperar con urgencia. Miles de estudiantes salieron a las calles convocados por la CONFECH para protestar contra los recortes presupuestarios en educación, salud y otras áreas sociales impulsados por el gobierno de José Antonio. La movilización fue convocada en defensa de la educación pública y en rechazo a reformas que los dirigentes estudiantiles consideran perjudiciales para las grandes mayorías. Diversos medios informaron además que existieron denuncias de represión policial y enfrentamientos durante la jornada.
Sin embargo, más allá de las posiciones políticas que cada persona pueda tener, hay una pregunta que vale la pena hacerse: ¿qué ocurre cuando una noticia sobre una estudiante gravemente herida es acompañada por una gran fotografía de una barricada en llamas?
La mayoría de las personas cree que observa los hechos tal como ocurrieron. Pero los medios no muestran la realidad completa. Muestran una selección de ella.
El sociólogo Erving Goffman explicó hace décadas que toda información se presenta dentro de un "marco" o encuadre. Ese encuadre determina qué aparece en primer plano y qué queda en segundo plano.
No es lo mismo mostrar a una joven con fracturas faciales que mostrar primero una barricada ardiendo. Aunque ambas imágenes pertenezcan al mismo contexto, el significado que construyen en la mente del espectador es completamente distinto. Nuestro cerebro funciona principalmente mediante asociaciones visuales. Cuando una persona observa fuego, destrucción y enfrentamientos antes de leer una noticia sobre una víctima, muchas veces establece inconscientemente una relación causal entre ambas cosas.
El mensaje implícito termina siendo: "esto ocurrió por culpa del desorden". La discusión sobre quién provocó las lesiones, qué uso de la fuerza existió o si hubo vulneración de derechos pasa a un segundo plano. Noam Chomsky y Edward Herman llamaron a este fenómeno "fabricación del consentimiento".
Su tesis no era que todos los periodistas mientan, sino algo más complejo: que los sistemas informativos suelen privilegiar determinadas interpretaciones de la realidad por sobre otras. Las fuentes oficiales hablan primero. Las versiones institucionales aparecen destacadas.
Las explicaciones estructurales quedan relegadas o desaparecen. Por eso resulta tan importante enseñar a leer críticamente las noticias. No basta con leer el titular.
Hay que preguntarse quién habla, quién no habla, quién aparece como responsable de los hechos y quién desaparece del relato.
Existe además una técnica muy frecuente: borrar al responsable mediante el lenguaje. Se escribe que una persona "resultó lesionada", "sufrió heridas" o "terminó con fracturas". Pero la pregunta fundamental queda suspendida en el aire: ¿quién causó esas lesiones?
La gramática puede transformarse en una herramienta política cuando elimina al sujeto de la acción y convierte un acto concreto en un acontecimiento aparentemente espontáneo.
Otro elemento relevante es el llamado "pánico moral", concepto desarrollado por Stanley Cohen. Consiste en convencer a la sociedad de que un grupo determinado representa una amenaza extraordinaria para el orden social. Una vez instalado el miedo, la ciudadanía comienza a aceptar medidas que en circunstancias normales cuestionaría.
La preocupación deja de estar en los problemas que originan las protestas y se concentra exclusivamente en sus manifestaciones más visibles. Así, el debate deja de ser sobre el financiamiento de la educación pública, las condiciones de vida de los estudiantes o los efectos de los recortes presupuestarios. La conversación pasa a ser sobre barricadas, desórdenes y seguridad. El foco cambia. La causa desaparece. El síntoma ocupa toda la pantalla.
La democracia necesita ciudadanos informados, pero también ciudadanos capaces de analizar cómo se construye la información. Una sociedad que pierde esa capacidad termina discutiendo las imágenes que le muestran otros, en lugar de debatir los problemas reales que dieron origen a esas imágenes.
Por eso, frente a cada noticia, conviene hacerse cuatro preguntas simples: ¿qué ocurrió?, ¿quién lo cuenta?, ¿qué información quedó fuera del relato? y, quizás la más importante de todas, ¿a quién beneficia que la historia sea contada de esta manera? Recuperar esa mirada crítica no es un ejercicio académico. Es una condición básica para que la ciudadanía vuelva a pensar por sí misma y no la sigan manipulando.
Jorge Bustos
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