Es una bofetada a la cara de los porteños. No hay otra forma de calificar el estado de ruina del edificio de El Mercurio de Valparaíso en la calle Esmeralda. Que el diario más antiguo de habla hispana mantenga su casa matriz como un cascarón podrido, rayado y abandonado en pleno sitio Patrimonio de la Humanidad, es la prueba máxima de la decadencia moral de quienes dicen "querer" a nuestra ciudad.
Resulta impresentable que, mientras desde sus editoriales se dictan cátedras de orden, aseo y civismo, su propio patrimonio sea un foco de suciedad y abandono en el corazón financiero del puerto. Es una hipocresía que ya no resiste más análisis. Valparaíso no es una escenografía para que las empresas usen su nombre y luego dejen las sobras tiradas en la vereda. El patrimonio no es un favor que nos hacen; es una obligación legal que el dueño del inmueble está violando a vista y paciencia de un municipio y un Consejo de Monumentos Nacionales que parecen cómplices de este desastre por omisión.
Conminamos a la empresa propietaria a que deje de esconderse tras la fachada del "deterioro urbano" y asuma su responsabilidad. Si no son capaces de mantener dignamente el edificio que los vio nacer, que lo entreguen a la ciudad. Valparaíso necesita espacios vivos, archivos históricos, centros de cultura para su gente, no mausoleos de la desidia empresarial.
Ya basta de discursos sobre la "recuperación" del plan. La recuperación empieza por casa. Reparen el edificio, limpien su frontis y devuélvanle la dignidad a la calle Esmeralda. De lo contrario, sigan guardando silencio, porque sus columnas sobre el "amor a Valparaíso" hoy no valen ni el papel en que se imprimen.
Jorge Bustos
Defendamos la Ciudad
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