La llamada “Adenda Excepcional” presentada por la Empresa Portuaria Valparaíso (EPV) en enero de 2026 no es un documento técnico de buena fe, sino un acto desesperado de supervivencia jurídica. Lo que se nos ofrece no es una mejora, sino un maquillaje legalista para intentar salvar un Terminal 2 que nació muerto desde la época del Mall Barón.
La trampa más burda y peligrosa es su desprecio por el estatus internacional de Valparaíso. Con un cinismo que insulta la inteligencia ciudadana, la EPV sostiene que la declaratoria de la UNESCO como Sitio de Patrimonio Mundial “no constituye una protección oficial” bajo el marco del SEIA. Según sus abogados, como no existe un “acto administrativo nacional” que lo nombre explícitamente, pueden ignorar el estándar internacional y tratar a la ciudad como un sitio industrial cualquiera. Pretenden que el Tribunal Ambiental rebaje el estándar de evaluación y olvide que Valparaíso es Patrimonio Mundial.
Es aquí donde debemos educarnos: el Informe Isaza (2016), encargado por el propio Estado, fue lapidario. Advirtió que el proyecto del Terminal 2 generará un “impacto alto, permanente e irreversible” que “no es posible mitigar”. La Misión de la UNESCO de 2022 reforzó esta denuncia, señalando la “disgregación del tejido social histórico” y la pérdida de la armonía paisajística. Frente a ello, la EPV intenta convencernos de que concentrar cinco grúas de 90 metros en un espacio reducido (el llamado “Sitio Costanera”) es una “mitigación”.
Pero el “Sitio Costanera” es un espejismo visual. La empresa se jacta de reducir el terminal en un 50%, pero lo que no dicen es que esa reducción densifica el impacto. Al acortar el frente de atraque de 820 a 430 metros, las moles de hierro estarán más juntas, reventando de forma agresiva la “Quinta Fachada” las vistas desde los cerros y destruyendo el Paisaje Urbano Histórico que la UNESCO define como la integración total de la ciudad con su entorno geográfico. Incluso el Monumento Histórico DUOC Cousiño quedará sepultado bajo un muro de contenedores.
En el medio humano, la agresión es aún más cruda. La EPV califica como “impactos no significativos” el volcamiento de embarcaciones y la pérdida de recursos que sufrieron los pescadores de la ex Sudamericana en Laguna Verde. Su argumento técnico para no indemnizar es que los pescadores tienen “una importante capacidad de adaptación y resiliencia”. Usar la fuerza de voluntad de la gente humilde como excusa legal para no hacerse cargo del daño es una aberración ética.
Además, asistimos a un “borrón” de compromisos históricos. La EPV ha eliminado proyectos que ya estaban en el imaginario colectivo, como la restauración del ascensor Lecheros y la pasarela Edwards. En su lugar, improvisan con un “Ascensor El Arrayán” y un “Paseo Costero” que hasta hace poco carecían de estudios de ingeniería mínimos. Presentar cálculos estructurales y planos de rodadura a última hora, solo cuando el Tribunal Ambiental les apretó el cuello, demuestra que nunca hubo un plan real, sino una improvisación constante.
La estrategia de la EPV es colgarse del “principio de mejora incremental”: cada adenda es un parche sobre el parche anterior, esperando que el cansancio nos gane. Pero la verdad ya está escrita: el proyecto TCVAL amenaza el Valor Universal Excepcional (VUE) de nuestra ciudad. La UNESCO lo dijo con claridad: el impacto es irreversible.
Valparaíso no necesita un puerto que le dé la espalda a la ciudad, que trate a sus pescadores como piezas desechables y que profundice la concentración y el monopolio, empobreciendo aún más a la ciudad. El puerto debe crecer, sí, pero no a costa de matar la identidad de Valparaíso. Esta Adenda es el último truco de un prestidigitador que ya se quedó sin cartas.
El puerto es de Valparaíso, no de una empresa que reniega de nuestra herencia para asegurar un negocio de grúas y cemento para una trasnacional. No podemos permitir que una empresa del Estado reniegue de los tratados internacionales que Chile firmó soberanamente en 1980. Ahora nos toca a nosotros impedir que se consume este atropello.
Jorge Bustos
Defendamos la Ciudad
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