Desde los tiempos del nefasto proyecto Mall Barón, los porteños sabemos que la Empresa Portuaria Valparaíso (EPV) no juega limpio. Hoy, con la Adenda Complementaria para el Terminal 2 (TCVAL), la historia se repite: la misma soberbia, el mismo desprecio por la ciudad y el mismo catálogo de engaños técnicos para intentar doblarle la mano al Tribunal Ambiental. Estamos ante una estrategia de "maquillaje" que busca esconder un proyecto inviable bajo una montaña de omisiones y trampas.
La primera bofetada a la inteligencia es su evaluación del medio humano. Con una frialdad asquerosa, la EPV califica como "impactos no significativos" el hecho de que pescadores de la ex caleta Sudamericana hayan terminado con sus embarcaciones volcadas y perdiendo todos sus recursos en Laguna Verde debido a la falta de infraestructura. Para estos "expertos" de oficina, el daño no importa porque, según ellos, los pescadores tienen una "alta resiliencia". Es decir, usan la capacidad de supervivencia de la gente como excusa para no hacerse cargo del desastre que provocaron.
Pero la mentira no se queda ahí. En un ejercicio de cinismo absoluto, la EPV asegura que "no existen conflictos activos" en Laguna Verde. Sin embargo, sus propias entrevistas los delatan: los pescadores denuncian que ni siquiera pueden acceder a su santo patrono por conflictos con la administración actual. Peor aún, pretenden entregar "centros de reunión" a sindicatos como SIPESA, que según la misma empresa ya ni siquiera opera en la zona. Es un plan de compensación fantasma para una realidad que se niegan a ver.
En cuanto al patrimonio, la trampa es visual y descarada. Las observaciones ciudadanas son tajantes: la empresa ha intentado "minimizar y tergiversar los ángulos de visión" para ocultar cómo las grúas reventarán la vista del Sitio de Patrimonio Mundial y del edificio DUOC Cousiño. Han llegado al extremo de intentar despojar a Valparaíso de su estatus internacional, argumentando que la declaratoria de la UNESCO "no constituye una protección oficial" para el SEIA. Para la EPV, los títulos de la ciudad son un estorbo que hay que borrar con tecnicismos legales.
Lo más indignante es el "borrazo" de las compensaciones. Como si nadie tuviera memoria, han eliminado de un plumazo compromisos históricos como la restauración del ascensor Lecheros, la pasarela Edwards y las mejoras en Av. Errázuriz. En su lugar, nos arrojan "espejitos de colores": un ascensor El Arrayán y un paseo costero que no tienen ni memorias de cálculo, ni planos de rodadura, ni detalles de seguridad mínimos para garantizar que no se vengan abajo con el primer temporal.
Incluso sus "regalos" voluntarios son una burla: prometen tarjetas de combustible para 234 pescadores, pero se niegan a entregar el listado que permita fiscalizar que ese dinero llegue a quien corresponde. Y para la infraestructura crítica, su respuesta es siempre la misma: "haremos un diagnóstico a futuro".
Valparaíso no puede seguir bajo el yugo de una empresa que actúa como feudo, que miente por sistema. El Tribunal Ambiental y él SEA tienen en sus manos el ICSARA Excepcional, un documento que huele a desesperación y engaño. Si permitimos que el Terminal 2 avance con estas "trampas" de la EPV, no solo perderemos el mar; perderemos la dignidad de una ciudad que ya se cansó de que le vean la cara. Aquellos que peleamos contra el Mall Barón sabemos que a estos mentirosos solo se les frena con la verdad de frente y sin miedo.
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