En el cuerpo "Domingo de Reportajes" de El Mercurio de Valparaíso se publicó un extenso análisis sobre el mapa político y el funcionamiento del poder en nuestra región. A primera vista, parecía un examen profundo; sin embargo, el texto comete un error conceptual gigante: mete en la misma juguera a dos estructuras que no tienen nada que ver entre sí.
Por un lado, confunde al gobierno central en la región, representado por la Delegación Presidencial y las seremías, todas autoridades puestas a dedo por el gobierno de José Antonio Kast, con el Gobierno Regional (GORE), liderado por Rodrigo Mundaca y el CORE, quienes fueron elegidos democráticamente por los propios habitantes de la Región de Valparaíso.
Esta diferencia está lejos de ser un detalle técnico. El Gobierno Regional no maneja ministerios, no nombra seremis, no dirige los servicios nacionales ni administra el aparato central del Estado. Su rol es completamente distinto: planificar la región, decidir dónde se invierte el presupuesto territorial y representar la voz de la ciudadanía local. En la otra vereda, los seremis y la Delegación Presidencial solo responden a las órdenes que llegan desde La Moneda.
El verdadero problema de la etiqueta: Cuando el reportaje habla de descoordinaciones, errores de instalación, peleas internas o crisis de gabinete, en realidad está describiendo los tropiezos del gobierno central en la zona, no del GORE. Pero al empaquetar todo bajo el rótulo de “el oficialismo”, se genera una confusión muy conveniente para algunos sectores: permite traspasarle el desgaste del gobierno central a una institución regional que nació, precisamente, para descentralizar el poder.
También existe una explicación más simple y menos conspirativa: que quienes escribieron la nota simplemente no entienden cómo funciona la arquitectura institucional de Chile. Pero eso tampoco es un alivio. Si un medio con el peso histórico de El Mercurio de Valparaíso pretende pautar la opinión política local, lo mínimo que se le puede exigir es que distinga la diferencia entre un gobernador electo por la gente y una autoridad designada desde Santiago.
Lo más curioso de esta edición dominical ocurre unas páginas antes, en el cuerpo principal del diario. Mientras el suplemento de reportajes se dedicaba a desmenuzar las crisis y los desórdenes políticos de un sector, el periódico le regalaba a la alcaldesa de Valparaíso casi tres cuartos de página en una entrevista cómoda, amable y sin ningún tipo de tensión editorial. Un espacio ideal para que explicara su versión sobre varios cuestionamientos públicos y defendiera su gestión comunicacional.
Esto nos recuerda cómo ha operado históricamente el diario: la rigurosidad no es igual para todos. A algunos actores políticos se les somete al escáner de la sospecha y el análisis crítico, mientras que a otros se les ofrece un sillón mullido para que argumenten que todo se trata de "una confusión" o un problema de "información inexistente". Seamos francos: es imposible que una autoridad se moleste con un medio que, el mismo día que critica al resto, le tiende un salvavidas de ese tamaño para ordenar su relato ante la opinión pública y le regala la primera página.
Mientras el diario administra con pinzas sus entrevistas y editoriales, el Valparaíso real sigue viviendo otra historia en la calle. La ciudad enfrenta problemas urgentes y concretos: Un deterioro patrimonial que salta a la vista. Un abandono urbano evidente. Una institucionalidad municipal que parece no tener el interés (o la capacidad) de fiscalizar en serio el estado de los inmuebles históricos en pleno casco patrimonial, para ser concreto, el edificio del Mercurio.
Aquí es donde aparece la contradicción más violenta de Valparaíso: nos inundan con discursos sobre el patrimonio, la gobernanza y la recuperación urbana, pero en el día a día las acciones no aparecen. Los edificios se siguen cayendo a pedazos, los barrios se deterioran y las oficinas encargadas de proteger la ciudad parecen funcionar mejor administrando burocracia y sueldos que defendiendo el alma de la ciudad puerto.
Ese, y no otro, es el verdadero reportaje que Valparaíso lleva años esperando que se escriba.
Jorge Bustos
Defendamos la Ciudad Región Valparaíso
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